sábado, 23 de julio de 2011

Gratuita auto-complacencia.



Insufrible morbo el que me acosa en este momento. Últimamente la insaciable sed por el timbre del teléfono me impide descansar. No sonará, y cuando lo haga, no contestaré. Es como en mi sueño; ése, en donde aparecen playas cristalinas, con arena de nácar. Tan bellas como impenetrables, que se tornan turbias cuando estoy cerca de ellas. Es mi presencia la que las contamina, o la presencia de éste, mi demonio, el que constantemente acosa mis voluntades, y las somete a las suyas. Debo luchar con él todos los días. A veces le gano yo. Pero sólo a veces.  Lleva años mofándose de mí, en ocasiones creo que su superioridad es hasta numérica, tal vez es sólo uno el que me ha poseído. Ahora, en este preciso momento me ataca. Me deja escribir para no dejarme hacer otras cosas. Me está haciendo el favor de permitirme escribir. Y yo me dejo, aunque no agradezco. Tanto él como yo sabemos que es preciso hacer ese otro asunto pendiente, ése que no me deja trabajar, ni escribir, ni amar. Ni nada. Hace dos semanas que no me lo permite. En realidad, no le he pedido permiso. ¿Para qué? Si me lo negará. De eso estoy segura. 

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